12. Tomás de Aquino (1225-1274)
Biografia:
Santo Tomás de Aquino
Hijo de una de las familias aristócratas más
influyentes de la Italia meridional, estudió en Montecassino, en cuyo
monasterio benedictino sus padres quisieron que siguiera la carrera
eclesiástica. Posteriormente se trasladó a Nápoles, donde cursó estudios de
artes y teología y entró en contacto con la Orden de los Hermanos Predicadores.
En 1243 manifestó su deseo de ingresar en dicha Orden, pero su familia se opuso
firmemente, e incluso su madre consiguió el permiso de Federico II para que sus
dos hermanos, miembros del ejército imperial, detuvieran a Tomás. Ello ocurrió
en Acquapendente en mayo de 1244, y el santo permaneció retenido en el castillo
de Santo Giovanni durante un año. Tras una queja de Juan el Teutónico, general
de los dominicos, a Federico II, éste accedió a que Tomás fuera puesto en
libertad. Luego se le permitió trasladarse a París, donde permaneció desde 1245
hasta 1256, fecha en que obtuvo el título de maestro en teología.
Durante estos años estuvo al cuidado de San
Alberto Magno, con quien entabló una duradera amistad. Les unía -además del
hecho de pertenecer ambos a la Orden dominica- una visión abierta y tolerante,
aunque no exenta de crítica, del nuevo saber grecoárabe, que por aquellas
fechas llegaba masivamente a las universidades y centros de cultura
occidentales. Tras doctorarse, ocupó una de las cátedras reservadas a los
dominicos, tarea que compatibilizó con la redacción de sus primeras obras, en
las cuales empezó a alejarse de la corriente teológica mayoritaria, derivada de
las enseñanzas de San Agustín de Hipona.
En 1259 regresó a Italia, donde permaneció hasta
1268 al servicio de la corte pontificia en calidad de instructor y consultor
del Papa, a quien acompañaba en sus viajes. Durante estos años redactó varios
comentarios al Pseudo-Dionisio y a Aristóteles, finalizó la Suma contra los
gentiles, obra en la cual repasaba críticamente las filosofías y teologías
presentes a lo largo de la historia, e inició la redacción de su obra capital,
la Suma Teológica, en la que estuvo ocupado entre 1267 y 1274 y que representa
el compendio último de todo su pensamiento.
Tomás de Aquino supo resolver la crisis producida
en el pensamiento cristiano por el averroísmo, interpretación del pensamiento
aristotélico que arranca del filósofo árabe Averroes (1126-1198). El averroísmo
resaltaba la independencia del entendimiento guiado por los sentidos y
planteaba el problema de la doble verdad, es decir, la contradicción de las
verdades del entendimiento y las de la revelación.
En oposición a esta tesis, defendida en la
Universidad de París por Siger de Brabante, afirmó la necesidad de que ambas
fueran compatibles, pues, procediendo de Dios, no podrían entrar en
contradicción; ambas verdades debían ser, además, complementarias, de modo que
las de orden sobrenatural debían ser conocidas por revelación, mientras que las
de orden natural serían accesibles por el entendimiento; filosofía y teología son,
por tanto, distintas y complementarias, siendo ambas racionales, pues la
teología deduce racionalmente a partir de las premisas reveladas.
A medio camino entre el espiritualismo agustiniano
y el naturalismo emergente del averroísmo, defendió un realismo moderado, para
el cual los universales (los conceptos abstractos) existen fundamentalmente in
re (en las cosas) y sólo formalmente post rem (en el entendimiento). En último
término, Tomás de Aquino encontró una vía para conciliar la revalorización del mundo
material que se vivía en Occidente con los dogmas del cristianismo, a través de
una inteligente y bien trabada interpretación de Aristóteles.
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